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1-
¿Dónde estás papá?
sé que no estabas
en ese cuerpo lánguido y ausente,
¿dónde? está tu plena sonrisa.
2-
Donde estabas cuándo acariciaba
tus manos heladas,
cuándo acariciaba tu pelo
aún sobre tu cama,
vestido de gala.
Donde, sé que no
en esa negra vasija
donde tus cenizas descansan,
sé que no en la nada.
Dios mío, dame fuerzas para que las dudas
no quebranten la certeza de una posterior vida.
Dios mío, noto decaer mi ánimo y vacilar mi voluntad,
porque nunca entenderé la muerte de mi padre,
la desaparición de su ser en un instante.
Donde estaba su energía, su ser, su alegría,
su bonachona sonrisa, ¿dónde estaba mi padre'
cuando su cuerpo yacía, como dormido en su propia cama.
Agua de mar
a veces brava, a veces mansa,
baña mi cuerpo y mi alma,
no sé que fortuna la instala
en los ríos, en las fuentes
y los grifos de mi casa,
regado por marinas aguas
voy trazando mi camino,
agua amarga que daña
mi vida y mi alma.
Me quedo con el beso que me dio mi padre,
esa tarde, en el primer cumpleaños
de su quinta nieta, en la casa nueva
de mi hermano Juani, ese beso
espontáneo y profundo, cargado de espera,
de desprendido sentimiento de amor,
de notorio y sincero cariño paterno.
Esas muestras de amor son las que me quedan,
las que nutren mis alforjas
en mi tránsito hacia un destino incierto.
Ocho días antes de morir.
El día que sólo nos interesemos
por cuestiones que comprendamos
empezaremos a hacernos viejos,
debemos estar abiertos
a cualquier atisbo nuevo de vida
por incomprensible que nos parezca
nos rejuvenecerá
porque nos abrirá canales de riqueza
argumentos para renovarnos
y seguir creciendo
en nuestras frágiles y bellas vidas.
En el amor
siempre hallamos sentido
al viaje de destino abierto
que son nuestras vidas.
Que fácil me es decirte te quiero
cuando te miro a los ojos
y mi mirada se pierde en la tuya,
cuando acaricio tu suave piel
hasta abrazarte sin mesura
y abrazado a tu regazo
confundo el sonido de tu corazón
con el rumor de mis entrañas,
cuando tu melódica voz impregna de sabor
lo más profundo de mís oídos,
cuando me embeleso hasta extasiarme
viéndote bailar una conga
con el ritmo, el sabor y el color
de la mayor de las Antillas,
cuando avivas mi tremenda pasión
con la dulzura de tus apasionados besos,
que fácil es quererte mi vida
solo evocar tu nombre
llena mi corazón de pasión y ternura
pues vivo para quererte
desde nuestro amanecer hasta mi última luna.
Eres tú
mi ánimo, mi luz
y mi destino,
flujo y vida
timón de mi esperanza
dulce arrojo de mis días.
Hacer cotidiana la felicidad
asentándose en ella
sin caer en la peligrosa monotonía
capaz de destruir implacablemente
la más armoniosa de las convivencias,
llenando los días de nuevos gestos,
de nuevas comprensiones y tiernas caricias
retomando las vivencias que van fortaleciendo
los lazos de amor y las ilusiones,
apartando los lamentos y las intransigencias,
creando espacios de amistad y diálogos,
de complicidad de vivencias compartidas,
alejando las tensiones de una lucha fraticida
por cuotas de poder en la convivencia,
hacer frente común en las inquietudes
en las ilusiones y en las adversidades,
compartiendo las necesidades
se recibe lo mejor de la pareja
de forma natural y desinteresada, natural y generosa,
dar sin exigir nada a cambio
es el mejor de los signos
para recibir comprensión y cariño,
pues compartir es ser compañero
en el fascinante viaje que une
y fructifica en nuevas vidas.
Hacer cotidiana la felicidad
es crecer a la par de quien se quiere.
Mi vida es continua lucha
por mantener la cordura en mi mente
y el equilibrio en mi vida
sin renunciar a ti,
para seguir creciendo juntos
mezclando nuestras ilusiones
nuestras sangres y nuestras ternuras,
eres mi sueño y mi locura.